A este capítulo le llamo:
Cuando las ganas pueden más que el cringe, la pereza y tu mente.

Creo que todos tenemos proyectos que dejamos de lado una y otra vez. Siempre hay una razón. Siempre una excusa. A veces es el tiempo. A veces el cansancio. A veces simplemente no te gustas lo “suficiente” en ese momento.

¿Qué pasa cuando no queda otra opción que salir y exponerte a eso que no te gusta? A eso que incomoda. Que incluso se siente como algo que no eres. Como si estuvieras traicionando la idea que llevas años repitiéndote sobre quién eres.

No podría decírtelo.
Porque esta soy yo intentando vencer uno de mis mayores “miedos”.

¿Y por qué entre comillas?
Porque se siente extraño admitir que uno de tus miedos eres tú misma. Te da miedo cómo te ves, cómo te mueves, tus gestos. Odias tu voz.

¿Por qué?
Porque eres tu juez más cruel.
Porque las cosas que te dices a ti misma jamás se las dirías a otra persona. Algunas ni siquiera las pensarías.

¿Qué cambió?
Podría decir que me cansé de mi zona de confort. Pero la verdad es que la vida me está empujando. A buscar nuevas formas. A retomar sueños que habían quedado dormidos. A construir por alguien más que no soy solo yo.

¿Y qué tiene que ver eso con postear y hablar con gente imaginaria en internet?
Que si no te ven, no te consumen. Y hoy en día, nos guste o no, todos somos producto de una forma u otra. Se lo decimos a los clientes todo el tiempo, pero aplicarlo en uno mismo cuesta demasiado.

Siempre me ha gustado quedarme detrás. Ver cómo los proyectos en los que trabajo salen a la luz y crecen. Pero hacerlo por mí… eso siempre me dio miedo.

Y para cerrar, solo digo que como la canción que acompaña este post:

Se vienen cositas…